martes 24 de noviembre de 2009
IX Premio Diomedea de Relato Mínimo
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lunes 23 de noviembre de 2009
El niño y la guerra
El sargento Romero entró en la casa acompañado por dos de sus hombres. En el interior encontraron a la que debía de ser la abuela del chico.
⎯¿Dónde está su nieto, abuela? Lo necesitamos.
La abuela miró tranquila a los soldados y les indicó con la mano unas sillas, para que se sentaran, a la vez que respondía que el niño no estaba en casa.
El chico era conocido en todo el pueblo como elchicoquesabíadóndecaeríanlasbombas. Nadie sabía por qué, pero no era difícil imaginarlo.
La vieja intentaba ser atenta con los soldados pero estaba muy fatigada y, a veces, daba pequeños cabezazos y se le cerraban los ojos. Romero decidió ignorarla e hizo señas a sus hombres para que miraran en las habitaciones.
Un minuto más tarde los dos volvían sin haber encontrado al chico pero no hizo falta que se lo dijeran al sargento porque éste ya había oído el silbido de la bomba que la vieja estaba esperando y el niño había previsto hacía ya un rato.
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lunes 2 de noviembre de 2009
Malos tiempos
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viernes 9 de octubre de 2009
La coronilla
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miércoles 7 de octubre de 2009
El hombre del parque
A B. le gusta ir al parque. Siempre al mismo banco, siempre a la misma hora. A B. le gusta observar a la gente, memorizar sus hábitos, sus rutinas.
B. es un tipo moreno, de estatura y peso normales. Siempre viste vaqueros y camiseta y, ahora, en invierno, una cazadora sencilla. No habla nunca si no es imprescindible y consigue lo que pretende; pasar desapercibido.
El sólo mira, graba en su cerebro lo que ve, selecciona y elimina, busca. Sin dejar escapar un gesto de su cara.
A las cinco de la tarde el parque se llena de niños que acaban de salir del colegio. Todos ellos van acompañados por sus madres o sus abuelas. B. prefiere este parque a otros por que los niños y niñas casi nunca van acompañados por sus padres. Los padres se aburren pronto de las conversaciones de las mujeres, de jugar o estar pendientes de su hijo, y se acercan al primer hombre que ven para hablar de fútbol, de política, o de lo mal nacido que es el jefe. B. no sólo no tiene el problema de aburrirse en el parque, sino que disfruta de su visita. Un día tras otro aprende algo nuevo, cada día añade detalles nuevos al mapa de costumbres que va creando en su cabeza. Costumbres ajenas. Costumbres de madres. Costumbres de niños.
Tras semanas de observación, sabe que la madre del niño pegón del parque, también es la que más habla en el corro de madres, y la que menos pendiente está de su niño. Sabe que Ángeles y Paula, desoyen a menudo los consejos de mamá y se alejan unos cincuenta metros al este, junto a la fuente, donde se sientan al pie de un árbol. Sabe lo que merienda cada uno de los niños, quién prefiere lo dulce a lo salado, y dónde prefieren ocultarse cuando juegan al escondite.
En invierno anochece temprano. No son ni las seis de la tarde y el día va perdiendo su claridad que, a duras penas intentan suplir las farolas.
Las madres comienzan a batirse en retirada. Comienzan a llamar a sus hijos y van gritando que es hora de ir a casa, a bañarse, a cenar. A descansar. En unos minutos sólo un niño se balancea en uno de los columpios. B. se levanta del banco, más ágil de lo que hasta ahora parecía, y se dirige hacia él. El niño lo mira, frena el balanceo y baja del columpio. B. le tiende una mano que el niño coge sin dudar.
-Es tarde cariño. Mamá nos espera.
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lunes 5 de octubre de 2009
Alternativa

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lunes 21 de septiembre de 2009
Las hormigas

El arcén es ancho, el tráfico escaso y la distancia que deben recorrer es corta así que la monitora organiza a los niños por parejas, cogidos de la mano. Los instruye para que no se suelten, no rompan la fila y no arrastren los pies por la calzada de tierra. No quiere quejas de los padres por devolver a los niños cubiertos de polvo. Marcos y Ana son los últimos de la fila. A Marcos le gusta chinchar y hacer rabiar a Ana. Le dice “Ana marrana” siempre que puede para molestarla. Aun así obedecen y van de la mano sin chistar. Cuando han recorrido unos cien metros Marcos ve en el suelo una hilera de hormigas. Se pone de cuclillas y las mira, curioso. Ana mira hacia atrás y tira de él para que siga andando, pero Marcos la ignora y ella se zafa de la mano del niño, corriendo hacia el grupo. Marcos coge un palito y, con él, rompe la hilera de hormigas lo que hace que éstas se desorganicen y comiencen a trazar círculos sin sentido. Sonríe. No se da cuenta de que a su lado ha parado una furgoneta blanca con la puerta corredera abierta.
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domingo 13 de septiembre de 2009
Empatía
lunes 7 de septiembre de 2009
Víctor
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viernes 4 de septiembre de 2009
Teide

Si recorres la red buscando literatura reciente, sobre todo española y, sobre todo, referida al cuento, seguro que conoces a Sergi Bellver. Sergi es un loco por la literatura que, además de escribir y enseñar a escribir, en la Escuela de Escritores por ejemplo, tiene una enorme ilusión por hacer cosas nuevas e iniciativa, y valor, suficientes para embarcarse en un nuevo proyecto que él ha denominado Teide ( Taller-Estudio Itinerante de Escritura) que pretende llevar la literatura a cada rincón de, ésta, nuestra piel de toro. Desde luego deseo que Sergi tenga el pelín ese de suerte que siempre viene bien cuando te metes en un follón de esas dimensiones, tengo la certeza de que trabajo y del bueno no va a faltar, y desde aquí te invito a que pinches en el título del artículo y eches un vistazo a su web en la que te explicará el proyecto y sus primeras convocatorias con todo detalle.
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jueves 3 de septiembre de 2009
Puntería
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miércoles 2 de septiembre de 2009
Chinitos dormidos

Cuando tenemos hambre nos paramos a comer. Si necesitamos ir al baño, buscamos uno y listo, tampoco es cosa de aguantarse, y no pocos sacan el níspero a pasear y riegan cualquier cosa que se encuentren, sin importarles mucho su necesidad de riego. Hoy me he enterado de que en China es habitual, común y completamente normal que una persona que tiene sueño se eche a dormir. En cualquier sitio sin vergüenza ni precaución. Y es que bien pensado vivir con sueño es peor aún que hacerlo con hambre, me refiero a lo que llamamos hambre en el primer mundo claro, y equiparable a tener la vejiga a punto de estallar mientras recorres bares con el cartel de WC averiado disculpen las molestias. El caso es que los chinos se echan a dormir allá donde el sueño se lo pide y si quieres comprobarlo, pincha en el título del artículo y mira tú mismo.
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lunes 31 de agosto de 2009
Una de colmos
lunes 13 de julio de 2009
Galilea
Pese a que en general han sido unos días bastante satisfactorios, he de decir que ser Jesús en Galilea es mucho más duro de lo que nunca pensé. He pasado todas las vacaciones multiplicando panes, amén de peces, y realizando todo tipo de milagros que, de verdad, no debería alternar con mis días de descanso. Enfín, he devuelto la luz a los ciegos, el sonido a los sordos y la palabra a los mudos, apañé a un par de cojos para que anduvieran con soltura e incluso el viernes estuve a punto de realizar una rápida resurrección, que por no fastidiarles el entierro a los del pueblo que tan bien les estaba quedando y porque creí que tal vez sea cierto que la naturaleza es sabia y que si había decidido que al viejo Damián le había llegado su hora a los ochenta y ocho años por algo sería.
El sábado, sin embargo, la casualidad quiso que escuchara una conversación entre la alcaldesa y la oposición, el otro concejal, expresando su coincidencia en la voluntad de redondear el programa de fiestas del mes de agosto con una espectacular crucifixión, que si bien no pude enterarme de en quién habían pensado para tan apreciado papel, dadas mis últimas intervenciones en el pueblo y el sospechoso silencio con que fue recibida mi llegada al bar del Santi decidí que, por si habían considerado hacerle a uno el honor, estaría bastante más seguro en Donosti. Además si hay que hacer un esfuerzo y milagrear un poco, pues vale, aunque sea durante mis vacaciones, pero las pasiones y los martirios nunca se me han dado bien que por algo uno es de naturaleza quejica y tirando a miedica. Así que, no sin antes dejar una prolija e instructiva epístola para que el párroco lea durante la próxima misa explicando al pueblo de Galilea que a mí se me dan bien los milagros y demás intervenciones divinas mientras que mi cuñado Jesús, más dotado para el drama, se encargaría de sufrir una pasión más que digna a nada que se lo pidieran con educación, decidí coger el autobús de las diez de la mañana del lunes. Por si acaso.
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jueves 2 de julio de 2009
Vacaciones
P.D. El día 10 de este mes es la final de Relatos en Cadena de la SER. Como sabéis soy uno de los diez finalistas y el premio de 6.000 euros es como poco apetitoso. Así que deseadme suerte.
lunes 22 de junio de 2009
Finalista del VII Diomedea de Relato Mínimo
Con mucho orgullo os informo de que, con el relato que podéis leer un poco más abajo, he quedado finalista del VII Diomedea de Relato Mínimo, un concurso pequeñito pero encantador. Al grano, lo que importa es el cuento y ahí lo tenéis. Espero que os guste. Y por cierto, no dejéis de presentaros a la VIII edición y visitar el blog del padre de la criatura pinchando en el título del artículo.
El hatillo
Aquella misma noche, tras escuchar la decisión de Marta, subí a la azotea de casa con el fusil de precisión que usaba cuando iba de caza mayor. Saqué los prismáticos y miré con ellos alrededor de todo el edificio, intentando descifrar cuál sería la ruta más probable.
Hasta el amanecer no las oí acercarse. Venían dos juntas. Aguardé a que se separaran. Todo se complicaría mucho si no lo hacían. Tras unos segundos de tensión, una de ellas viró hacia el sur mientras que la otra siguió directa hacia mí. Cargué el fusil. Coloqué la rodilla derecha en el suelo y encajé bien la culata en mi hombro. Un disparo. Tal vez no me diera tiempo de hacer dos.
Apareció su cabeza en la mira telescópica. Contuve la respiración y mi dedo índice apretó suave el gatillo. La cabeza de la cigüeña reventó y el hatillo que llevaba en el pico con mi hijo, con nuestro hijo dentro, se precipitó al vacío. Cuando estaba a mitad de camino del suelo, desapareció como la pólvora de un fuego artificial pero sin luz, sin ruido.

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jueves 18 de junio de 2009
Apunten, fuego
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domingo 31 de mayo de 2009
Ausencia
Carles hace girar la silla de ruedas ciento ochenta grados y vuelve a repasar cada una de las dos docenas de piezas que le quedan por colocar. Las coge, las voltea, las mira por todos los ángulos que le ofrecen, como un gemólogo analiza un diamante, y las vuelve a dejar sobre la mesa de la sala. Se diría que sabe perfectamente cuál es el lugar que corresponde a cada una pero está disfrutando del momento, dilatándolo, recreándose tras más de dos meses de trabajo. En el sofá, Nieves sostiene el portátil sobre los muslos y teclea con agilidad de mecanógrafa mientras oye la tele. Ni sabe ni le importa el canal que tiene puesto. Ahora está absorta en el trabajo, en sus tablas y sus cuentas, en sus proyectos. Sólo el tecleo sobre el portátil, el ocasional chirrido de las ruedas de la silla de Carles y el murmullo de la tele rompen un silencio que hace tiempo que ha dejado de ser cómodo, y mucho menos cómplice. Nieves pregunta a Carles si quiere cenar. Nieves come muy poco desde hace un par de meses. Está adelgazando. También Carles ha bajado de peso, claro que en su caso no es exactamente adelgazar lo que ha hecho, aunque también. Nunca ha querido preguntar cuánto pesa una pierna o cuánto deja de pesar un cuerpo sin la pierna derecha. Tres kilos o cuatro, calcula. Preguntarlo le haría sentirse como de compras en una carnicería.
Carles, concentrado en las piezas, alza la mano sin levantar la vista de la mesa para pedir a Nieves que espere un poco pero ésta no advierte el gesto y sigue hablando sola y le dice que a ella le da igual, que en realidad no tiene hambre y no va a cenar, que lo decía para que él se preparara lo que quisiera sin esperarla. Carles sacude la cabeza, afirmando. Coge una pieza con tres salientes y un entrante y la acerca lentamente a uno de los huecos que quedan en este tetris horizontal. Entra dócil, con suavidad. Desde que perdió la pierna nada ha encajado en su vida con esa perfección. Más bien todo se ha desencajado y ha quedado como un edificio de oficinas tras un terremoto. Devastado, desordenado, víctima de un caos a veces imperceptible desde el exterior.
Encima de la mesa sólo quedan ocho piezas sin colocar. Nieves apaga el ordenador y se queda mirando la tele, con el portátil cerrado en su regazo. Se frota el nacimiento de la nariz con los dedos pulgar e índice de la mano derecha y no llega a abrir la boca porque Carles se le adelanta y le dice que vaya a acostarse si quiere, que él irá enseguida, mientras mueve las piezas que le quedan por encajar en el puzzle como si fueran los cubiletes de un trilero. Nieves se acerca a la mesa y ve que el puzzle está prácticamente terminado. Le dice que pensaba que no sería capaz de acabarlo. Carles le contesta que él también, mientras encaja una nueva pieza delante de ella, una pieza blanca por completo, del mismo color que todas y cada una de las diez mil que completan el puzzle. Nieves besa la frente de Carles desde arriba, detrás de él, agarrada a las asas de la silla y, después, se dirige hacia la puerta de la sala. Carles lleva la mano derecha al lugar donde su mente recuerda haber tenido una pierna y toca el asiento de cuero. Le dice a Nieves que si mañana tiene tiempo de pasarse por la tienda le compre otro puzzle. Nieves le pregunta cómo lo quiere, le pregunta si ha pensado en algo especial esta vez. Carles, mientras juguetea con una pieza entre los dedos, una pieza blanca, inmaculada, le contesta que lo quiere igual que éste último. Nieves se lleva el dedo índice de la mano derecha a la boca y se lo mordisquea.
—Pero en negro —añade Carles, sin levantar la vista de la mesa, mientras Nieves sale de la sala y desaparece en su habitación.
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miércoles 27 de mayo de 2009
Papeles inesperados
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martes 26 de mayo de 2009
Perturbaciones
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jueves 23 de abril de 2009
¿Rutina?
Rutina. Salgo a la hora de siempre de casa y entro en la estación de Torrassa. Llego al andén y me sitúo justo en la línea de separación que hay entre las baldosas que quedan entre los dos primeros bancos de la derecha. Esto casi me garantiza ser el primero en entrar en el vagón y, por lo tanto, sentarme. Saco de mi mochila "El fantasma de Canterville". Estoy listo.
El convoy entra en la estación. Según lo previsto, me siento y, como otros pasajeros, comienzo a leer. Es muy temprano y casi me duermo. Lucho contra el sopor pero al final me vence el sueño y cierro los ojos unos segundos. Los vuelvo a abrir, agitado, temiendo haberme saltado mi parada de destino. Pero no. Estoy en Plaza de España. Aún falta mucho. Pero algo me llama la atención. El hombre que va sentado justo en frente de mí viste un trasnochado traje negro con chaleco, tiene el cabello negro, ensortijado, y un pequeño y cuidado bigote. "Demonios", pienso, "este tío es clavado a Poe". Bajo la vista hacia mi libro pero no puedo evitar volver a mirarlo y, entonces, me doy cuenta de que el hombre que está a su lado, un tipo magnífico, con barba y mirada intensa es clavadito a Cortázar. Juguetea con un cigarrillo apagado, preparado para encenderlo en cuanto se asome a la salida del metro. Estoy perplejo y comienzo a fijarme en el resto del vagón. Se abre la puerta para que entren los pasajeros que aguardan en la parada de Universitat y, justo con los pitidos que anuncian el cierre de puertas, se asoma un bastón blanco, tanteando el suelo. Voy a levantarme para cederle el sitio pero algo me hace quedar a medio impulso y sentarme de nuevo; el hombre que sigue al bastón es igual que Borges. Si no fuera por el asiento habría caído de espaldas al suelo. Y no es sólo Borges. Están todos. Las decenas de escritores y escritoras que me han acompañado durante tantos años entran y salen de mi convoy como si fueran trabajadores que acudieran a sus empresas, ojerosos, somnolientos, algunos ojeando libros que en sus respectivas épocas nunca habrían podido leer porque, entonces, sus autores ni siquiera habían nacido. Dickens lee por encima a Ruiz Zafón y se pavonea por las continuas referencias que éste hace de él. Poe lleva una novela de Stephen King y lo veo reírse, orgulloso como siempre, de que lo consideren su sucesor. Sentado en el suelo, Bukowski bebe de una botella envuelta con la sección de economía de El Periódico mientras, Cortázar, garabatea en un trozo de papel las “Instrucciones para beber de una botella sin derramar gota”. Charles Baudelaire recita, admirado, poemas de Gil de Biedma y Manolo se desdobla en Carvalho para descubrir con Terenci quién diablos acabó con Tutankhamon.
No puedo evitar buscar a Oscar Wilde. Al fin y al cabo, suyo es el libro que tengo entre mis manos. Pero no lo veo.
El convoy entra en la estación de Sagrera y comienzo a prepararme para bajar. Con naturalidad. Extrañamente natural.
Me levanto, guardo “El fantasma de Canterville” en la mochila y la cargo en mi espalda. Me quedo de pie, esperando que el metro se detenga y veo mi reflejo en el cristal de la puerta. Tengo un aspecto horrible. Me enderezo la pajarita y en mi cerebro comienza a formarse una idea. Un espejo, o un cuadro, sí, mejor un cuadro, que absorbiera los defectos de uno. La pintura se iría deteriorando mientras la persona retratada seguiría siempre igual. Creo que al protagonista lo llamaré Dorian, sí, Dorian Gray.
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lunes 13 de abril de 2009
Apóstata no practicante

Así que llego a la conclusión de que un católico no practicante es una persona que fue apuntada a la Iglesia por medio del bautizo, que incluso hizo la Primera Comunión, como es mi caso, y que después de esto no ha querido saber nada de la Iglesia el resto de su vida. Y no sé a los demás, pero a mí, me da bastante rabia que se me siga considerando católico, según para qué intereses, así que propongo que se me incluya en otro segmento de población que se podría llamar "apóstata no practicante". Si borrarse de la Iglesia fuera tan sencillo como marcar la casilla de darse de baja en la web de la parroquia, yo lo haría. Y si tú lo harías también, eres, como yo, un apóstata no practicante. Y la Iglesia ya no podrá usarnos para ampliar sus estadísticas de socios.
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viernes 10 de abril de 2009
Robots repulsivos

En el programa de radio "Ser curiosos" escucho a un científico, experto en robótica, un comentario que me llama la atención. Dice que se ha comprobado que cuanto más se parecen los robots al ser humano, más repulsión nos provocan. La observación se me queda enredada en las neuronas, dando vueltas y vueltas, hasta que al fin me pregunto; ¿y si a Dios le pasó lo mismo con nosotros?
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jueves 9 de abril de 2009
Al otro lado del espejo
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martes 17 de marzo de 2009
Muziic

Hace unos días os hablaba de Spotify, un programa fantástico para escuchar música vía streaming, sin necesidad de descarga. Hoy os hablo de otro muy similar que funciona en Estados Unidos. Parece ser que Spotify ha tenido ciertos problemas legales al otro lado del Atlántico y por eso nace Muziic, un programa conceptualmente muy similar que nos permite escuchar millones de temas diferentes y con un añadido para usuarios habituales de Youtube: tienen un acuerdo entre ellos para que Muziic tenga acceso a toda la música que hay en Youtube. Yo he trasteado con mucha frecuencia en Youtube tan sólo para escuchar a mis grupos favoritos o buscar curiosidades. Ahora con Muziic podrás crearte tus playlist y acceder a horas de música con un par de clicks. Programa gratuito que tendrás instalado en unos minutos. Para enlazar pica en el título del artículo. ¿Alguien da más?
Nemo
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La mesilla
*Ganador semanal del concurso de microrrelatos de la SER "Relatos en cadena"
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lunes 16 de marzo de 2009
Polémica

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Aniversarios

a os leáis todas las antologías que con casi cualquier excusa van inundando el mercado editorial. Tan sólo os invitaré a leer dos cuentos de cada uno de los autores citados. Ambos son excelentes ejemplos de su narrativa y, por descontado, son de mis favoritos. Entre las decenas de relatos de Poe "La caída de la casa Usher" y "Los crímenes de la calle Morgue". Son tan fáciles de conseguir como ir al catálogo de Alianza Bolsillo y comprar el volumen uno de sus cuentos (está editado en dos volúmenes). Si ya Poe es un magnífico escritor, no pocos autores reconocen que la traducción de Cortázar casi lo mejora). En el caso de Cortázar, dada la cantidad de cuentos que tiene publicados y su variedad, es más difícil, si cabe, quedarse sólo con dos pero allá va; leeros "Casa tomada" y "La noche boca arriba". Igual que antes, los tenéis en Alianza Bolsillo. Si os gustan, buscad vosotros mismos porque habréis encontrado un nuevo mundo donde nunca más brevedad, será sinónimo de inferioridad. Os lo garantizo.


