Toda mi vida guardada en cajas de cartón; la ropa gastada, los libros de páginas sobadas y amarillentas, los platos supervivientes de decenas de vajillas y las copas en las que he disfrutado tanto del buen vino. Las paredes tan desnudas y el olor a silencio.
Finalizo mi recorrido por la casa y llego al salón donde aguardan un par de primos lejanos, mi amigo Felipe y Marta, que por más que lo pienso no sé qué demonios hace aquí. Sin más ceremonias me acuesto en la caja de pino que han comprado con lo poco que me quedaba en el banco y cruzo las manos sobre el pecho, que siempre queda más elegante.
Finalizo mi recorrido por la casa y llego al salón donde aguardan un par de primos lejanos, mi amigo Felipe y Marta, que por más que lo pienso no sé qué demonios hace aquí. Sin más ceremonias me acuesto en la caja de pino que han comprado con lo poco que me quedaba en el banco y cruzo las manos sobre el pecho, que siempre queda más elegante.











