Llegó completo a los treinta y cinco. Entonces, le amputaron
el pie izquierdo. Una enfermedad rara.
Los siguientes diez años fueron un ir y venir del hospital
donde, como si fuera una pieza de carne sin desperdicio, le cortaban los pedazos
de las extremidades a las que dejaba de llegarles el flujo sanguíneo; las
piernas primero, después los brazos.
Cuentan que lo sacaban del hospital amarrado a una silla de
ruedas para que no perdiera el equilibrio, vestido con un jersey de un sólo agujero,
y aún sonreía, se miraba complacido y decía, “creo que ya falta poco para
que me dejen perfecto”.
*Hoy es el Día Mundial de la Diabetes, una enfermedad jodida y, hoy por hoy incurable. Espero que la crisis no la convierta también en carísima de tratar.
