Finalizado el tratamiento parece que todo va bien. No me queda más remedio que aceptar que, pese a mi falta de entendimiento, el tratamiento ha funcionado. Hasta tal punto ha sido eficaz que la pobrecita Carmen el otro día se sentía mal, como hacía días que no, e introdujo los dedos en un enchufe para calmarse. Ahora se encuentra mucho mejor.
16 julio 2010
Terapia
Publicado por
Jesus Esnaola
Carmen se ha sometido a tratamiento de electroshock para curar su depresión. Lo sé porque ella me lo ha contado. Yo, que no tengo formación ni inteligencia, no consigo adivinar qué es lo que convierte una corriente eléctrica en medicina, claro que a Carmen no se lo digo, bastante tiene ella. Lo único que sé con certeza es que las sesiones le producen un terrible dolor de cabeza, lo sé porque ella, la pobre, me lo cuenta.
Finalizado el tratamiento parece que todo va bien. No me queda más remedio que aceptar que, pese a mi falta de entendimiento, el tratamiento ha funcionado. Hasta tal punto ha sido eficaz que la pobrecita Carmen el otro día se sentía mal, como hacía días que no, e introdujo los dedos en un enchufe para calmarse. Ahora se encuentra mucho mejor.
Finalizado el tratamiento parece que todo va bien. No me queda más remedio que aceptar que, pese a mi falta de entendimiento, el tratamiento ha funcionado. Hasta tal punto ha sido eficaz que la pobrecita Carmen el otro día se sentía mal, como hacía días que no, e introdujo los dedos en un enchufe para calmarse. Ahora se encuentra mucho mejor.
01 julio 2010
Narrativas 18
Publicado por
Jesus Esnaola
Me apetece contaros que acaba de salir el nº 18 de la revista digital Narrativas en la que podréis encontrar excelentes microrrelatos de Rosana Alonso, ínclita comentarista más conocida por R.A., David Moreno, el indio de No Comments y el gran Manuel S. Vicente, de La Espada Oxidada, amén de otros escritores y articulistas que no tengo el gusto de conocer ni digitalmente, incluido yo mismo con un cuento un poco más largo de lo habitual que los que os pasáis por aquí con frecuencia ya habréis leído.
Desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a Carlos Manzano por su abnegado trabajo en el fomento de la literatura.
http://www.revistanarrativas.com/
Desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a Carlos Manzano por su abnegado trabajo en el fomento de la literatura.
http://www.revistanarrativas.com/
28 junio 2010
Centenario
Publicado por
Jesus Esnaola
Aprovecho que coincide que esta es mi entrada número 100 (lo escribo con números que da sensación de más), y hoy es mi cuarenta y cuatro cumpleaños (lo escribo con letras que parece menos) para subir este post realista y sin trampas, daros las gracias por vuestras visitas, comentarios, generosidad y paciencia, y deciros que en unos días vuelvo con nuevos micros.
Abrazos para todos
Abrazos para todos
21 junio 2010
Imitación
Publicado por
Jesus Esnaola
Felipe Gómez Verdasco es, reconocido por todo el mundo, el mejor imitador de Michael Jackson que ha existido nunca. Si no lo creéis, teclead su nombre en Youtube. Es cierto que aún no lo clavaba en el vídeo de Billy Jean, y se puede mejorar su performance de Thriller. Pero la imagen de su cadáver yaciendo dentro de un ataúd en un cementerio olvidado es tan maravillosa que, durante unos segundos, crees estar observando el proceso de descomposición del mismísimo rey del pop.
17 junio 2010
El hombre del parque
Publicado por
Jesus Esnaola
A B. le gusta ir al parque. Siempre al mismo banco, siempre a la misma hora. A B. le gusta observar a la gente, memorizar sus hábitos, sus rutinas.
B. es un tipo moreno, de estatura y peso normales. Siempre viste vaqueros y camiseta y, ahora, en invierno, una cazadora sencilla. No habla nunca si no es imprescindible y consigue pasar desapercibido, como desea.
El sólo mira, graba en su cerebro lo que ve, selecciona y elimina, busca. Sin dejar que de su rostro escape un sólo gesto.
A las cinco de la tarde el parque se llena de niños que acaban de salir del colegio. Todos ellos van acompañados por sus madres o abuelas. B. prefiere este parque a otros porque los niños y niñas casi nunca van acompañados por sus padres. Los padres se aburren pronto de las conversaciones de las mujeres, de jugar o estar pendientes de su hijo, y se acercan al primer hombre que ven para hablar de fútbol, de política, o de lo mal nacido que es el jefe. B. no sólo no tiene el problema de aburrirse en el parque sino que disfruta de su visita. Un día tras otro aprende algo nuevo, cada día añade detalles nuevos al mapa de costumbres que va creando en su cabeza. Costumbres ajenas. Costumbres de madres. Costumbres de niños.
Tras semanas de observación, sabe que la madre del niño pegón del parque también es la que más habla en el corro de madres, y la que menos pendiente está de su niño. Sabe que Ángeles y Paula, desoyen a menudo los consejos de mamá y se alejan unos cincuenta metros al este, junto a la fuente, donde se sientan al pie de un árbol. Sabe lo que merienda cada uno de los niños, quién prefiere lo dulce a lo salado, y dónde prefieren ocultarse cuando juegan al escondite.
En invierno anochece temprano. No son ni las seis de la tarde y el día va perdiendo una claridad apenas suplida por las farolas.
Las madres comienzan a batirse en retirada. Llaman a sus hijos y gritan que es hora de ir a casa, a bañarse, a cenar. A descansar. En unos minutos sólo un niño se balancea en los columpios. B. se levanta del banco, más ágil de lo que hasta ahora parecía y se dirige hacia él. El niño lo mira, frena el balanceo y baja del columpio. B. le tiende una mano que el niño coge sin dudar.
-Es tarde cariño. Mamá nos espera.
10 junio 2010
Incomprensión
Publicado por
Jesus Esnaola
El niño, arrodillado sobre la hierba, enreda con un palo en un hormiguero, disfruta fascinado del caos bullicioso de vida en miniatura.
Un apicultor extrae panales de la colmena, rodeado por abejas que lo sobrevuelan, lo toleran, se posan sobre él, respetuosas, guiadas por un solo pensamiento, una sola idea.
La naturaleza observa satisfecha a decenas de miles de ñus que migran desde Serengeti hasta las praderas de Masai Mara escuchando la llamada de la muerte para muchos de ellos, llenando de vida el camino que recorren.
Un dios observa la gran ciudad saturada por la vida de pequeños seres humanos que continuamente tratan de reordenarse como si su existencia no los satisficiera.
UNO escruta a los dioses, analiza sus movimientos pero estos le resultan incomprensibles, como nos ocurre, a veces, con un hormiguero azuzado por un palo, una colmena respetuosa, una migración de ñus cumpliendo su destino, una ciudad supurando hombres.
Un apicultor extrae panales de la colmena, rodeado por abejas que lo sobrevuelan, lo toleran, se posan sobre él, respetuosas, guiadas por un solo pensamiento, una sola idea.
La naturaleza observa satisfecha a decenas de miles de ñus que migran desde Serengeti hasta las praderas de Masai Mara escuchando la llamada de la muerte para muchos de ellos, llenando de vida el camino que recorren.
Un dios observa la gran ciudad saturada por la vida de pequeños seres humanos que continuamente tratan de reordenarse como si su existencia no los satisficiera.
UNO escruta a los dioses, analiza sus movimientos pero estos le resultan incomprensibles, como nos ocurre, a veces, con un hormiguero azuzado por un palo, una colmena respetuosa, una migración de ñus cumpliendo su destino, una ciudad supurando hombres.
09 junio 2010
Crisis
Publicado por
Jesus Esnaola
El funcionario accionó el conmutador. En la silla eléctrica, Mike Kill, asesino confeso de más de treinta adolescentes, dio un respingo. El alcaide, el cura, el médico que debía certificar la muerte, se giraron hacia el funcionario pero éste se limitó a señalar el conmutador: accionado. Sin embargo Mike no sintió más que un breve cosquilleo, un pequeño calambre que primero lo indignó y luego comenzó a hacerle reír como no lo hacía desde niño. Y así durante horas.
Algunos de los familiares de las víctimas tuvieron que ser atendidos; no estaban preparados para algo distinto a convulsiones y humo saliendo por la coronilla de Mike.
Algunos de los familiares de las víctimas tuvieron que ser atendidos; no estaban preparados para algo distinto a convulsiones y humo saliendo por la coronilla de Mike.
06 junio 2010
Costumbre
Publicado por
Jesus Esnaola
Clara no se quedó tranquila, viendo la cara de duda de los Pons, así que subió corriendo las escaleras que quedaban hasta nuestro rellano, en busca del álbum de fotos. Mientras, yo los miraba y les decía que sólo sería un momento, que esperaran unos minutos por favor. La imagen del álbum, abierto de par en par, sobrevolando la escalera, produjo un desmayo a la señora Pons y el señor Pons olvidó su arterioesclerosis y bajó las escaleras de dos en dos hasta el portal. Olvidé, como siempre, que los demás no están acostumbrados a ver a Clara tan transparente.
31 mayo 2010
Ausencia
Publicado por
Jesus Esnaola
Carles hace girar la silla de ruedas ciento ochenta grados y vuelve a repasar cada una de las dos docenas de piezas que le quedan por colocar. Las coge, las voltea, las mira por todos los ángulos que le ofrecen, como un gemólogo analiza un diamante, y las vuelve a dejar sobre la mesa de la sala. Se diría que sabe perfectamente cuál es el lugar que corresponde a cada una pero está disfrutando del momento, dilatándolo, recreándose tras más de dos meses de trabajo. En el sofá, Nieves sostiene el portátil sobre los muslos y teclea con agilidad de mecanógrafa mientras oye la tele. Ni sabe ni le importa el canal que tiene puesto. Ahora está absorta en el trabajo, en sus tablas y sus cuentas, en sus proyectos. Sólo el tecleo sobre el portátil, el ocasional chirrido de las ruedas de la silla de Carles y el murmullo de la tele rompen un silencio que hace tiempo que ha dejado de ser cómodo, y mucho menos cómplice. Nieves pregunta a Carles si quiere cenar. Nieves come muy poco desde hace un par de meses. Está adelgazando. También Carles ha bajado de peso, claro que en su caso no es exactamente adelgazar lo que ha hecho, aunque también. Nunca ha querido preguntar cuánto pesa una pierna o cuánto deja de pesar un cuerpo sin la pierna derecha. Tres kilos o cuatro, calcula. Preguntarlo le haría sentirse como de compras en una carnicería.
Carles, concentrado en las piezas, alza la mano sin levantar la vista de la mesa para pedir a Nieves que espere un poco pero ésta no advierte el gesto y sigue hablando sola y le dice que a ella le da igual, que en realidad no tiene hambre y no va a cenar, que lo decía para que él se preparara lo que quisiera sin esperarla. Carles sacude la cabeza, afirmando. Coge una pieza con tres salientes y un entrante y la acerca lentamente a uno de los huecos que quedan en este tetris horizontal. Entra dócil, con suavidad. Desde que perdió la pierna nada ha encajado en su vida con esa perfección. Más bien todo se ha desencajado y ha quedado como un edificio de oficinas tras un terremoto. Devastado, desordenado, víctima de un caos a veces imperceptible desde el exterior.
Encima de la mesa sólo quedan ocho piezas sin colocar. Nieves apaga el ordenador y se queda mirando la tele, con el portátil cerrado en su regazo. Se frota el nacimiento de la nariz con los dedos pulgar e índice de la mano derecha y no llega a abrir la boca porque Carles se le adelanta y le dice que vaya a acostarse si quiere, que él irá enseguida, mientras mueve las piezas que le quedan por encajar en el puzzle como si fueran los cubiletes de un trilero. Nieves se acerca a la mesa y ve que el puzzle está prácticamente terminado. Le dice que pensaba que no sería capaz de acabarlo. Carles le contesta que él también, mientras encaja una nueva pieza delante de ella, una pieza blanca por completo, del mismo color que todas y cada una de las diez mil que completan el puzzle. Nieves besa la frente de Carles desde arriba, detrás de él, agarrada a las asas de la silla y, después, se dirige hacia la puerta de la sala. Carles lleva la mano derecha al lugar donde su mente recuerda haber tenido una pierna y toca el asiento de cuero. Le dice a Nieves que si mañana tiene tiempo de pasarse por la tienda le compre otro puzzle. Nieves le pregunta cómo lo quiere, le pregunta si ha pensado en algo especial esta vez. Carles, mientras juguetea con una pieza entre los dedos, una pieza blanca, inmaculada, le contesta que lo quiere igual que éste último. Nieves se lleva el dedo índice de la mano derecha a la boca y se lo mordisquea.
—Pero en negro —añade Carles, sin levantar la vista de la mesa, mientras Nieves sale de la sala y desaparece en su habitación.
Carles, concentrado en las piezas, alza la mano sin levantar la vista de la mesa para pedir a Nieves que espere un poco pero ésta no advierte el gesto y sigue hablando sola y le dice que a ella le da igual, que en realidad no tiene hambre y no va a cenar, que lo decía para que él se preparara lo que quisiera sin esperarla. Carles sacude la cabeza, afirmando. Coge una pieza con tres salientes y un entrante y la acerca lentamente a uno de los huecos que quedan en este tetris horizontal. Entra dócil, con suavidad. Desde que perdió la pierna nada ha encajado en su vida con esa perfección. Más bien todo se ha desencajado y ha quedado como un edificio de oficinas tras un terremoto. Devastado, desordenado, víctima de un caos a veces imperceptible desde el exterior.
Encima de la mesa sólo quedan ocho piezas sin colocar. Nieves apaga el ordenador y se queda mirando la tele, con el portátil cerrado en su regazo. Se frota el nacimiento de la nariz con los dedos pulgar e índice de la mano derecha y no llega a abrir la boca porque Carles se le adelanta y le dice que vaya a acostarse si quiere, que él irá enseguida, mientras mueve las piezas que le quedan por encajar en el puzzle como si fueran los cubiletes de un trilero. Nieves se acerca a la mesa y ve que el puzzle está prácticamente terminado. Le dice que pensaba que no sería capaz de acabarlo. Carles le contesta que él también, mientras encaja una nueva pieza delante de ella, una pieza blanca por completo, del mismo color que todas y cada una de las diez mil que completan el puzzle. Nieves besa la frente de Carles desde arriba, detrás de él, agarrada a las asas de la silla y, después, se dirige hacia la puerta de la sala. Carles lleva la mano derecha al lugar donde su mente recuerda haber tenido una pierna y toca el asiento de cuero. Le dice a Nieves que si mañana tiene tiempo de pasarse por la tienda le compre otro puzzle. Nieves le pregunta cómo lo quiere, le pregunta si ha pensado en algo especial esta vez. Carles, mientras juguetea con una pieza entre los dedos, una pieza blanca, inmaculada, le contesta que lo quiere igual que éste último. Nieves se lleva el dedo índice de la mano derecha a la boca y se lo mordisquea.
—Pero en negro —añade Carles, sin levantar la vista de la mesa, mientras Nieves sale de la sala y desaparece en su habitación.
23 mayo 2010
Intuición
Publicado por
Jesus Esnaola
Ella habla con las plantas. Mira con cuidado que los tiestos sean suficientemente grandes para que crezcan sin problemas, para que no se sientan prietas. Les da abono, se preocupa de que tengan bastante agua, pero tampoco demasiada para que no se encharquen, no se ahoguen y se pudran. Cuando llega la época, las poda con mimo, explicándoles que es necesario, que todo lo hace por su bien, para que renazcan de nuevo. Hoy, al salir a la terraza, he notado que los tallos se inclinaban levemente hacia mí, que las flores se me orientaban; creo que lo sabe.
17 mayo 2010
Favores
Publicado por
Jesus Esnaola
Por favor, sea breve, dijo lady Walcott al verdugo enano, John Ketch, a la vez que alargaba hacia él una bolsa con veinte monedas de oro. John no miró a lady Walcott, sólo anudó la bolsa en su cinto, tras sopesarla en su pequeña mano derecha, e hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, lord Walcott no sufriría. Después cerró la puerta tras de sí y se sentó en la silla de brazos que coronaba la pequeña mesa rectangular donde, cada víspera, afilaba su herramienta de trabajo.
14 mayo 2010
Reticencias
Publicado por
Jesus Esnaola
Por favor, sea breve, dijo el tío Toño sin darse cuenta de que pensaba en voz alta. Mamá lo miró severa, con desaprobación, tía Matilde le pellizcó el brazo para que se callara y el padre Constantino alzó sus ojos un segundo de la biblia que tenía en las manos, sin dejar de leer el pasaje del evangelio según san Juan donde se relataba la resurrección de Lázaro. No tardé en darme cuenta de que el tío Toño sabía lo que decía porque no había pasado un minuto cuando Severino, el difunto, abrió los ojos y se incorporó en el ataúd como si acabara de despertarse de la siesta.
10 mayo 2010
Reflejo
Publicado por
Jesus Esnaola
Despierto en el lado de la cama contrario al que me acosté. Parece que la noche fue más movida de lo que recuerdo. Me levanto sin despertar a Bea y me sirvo de la cafetera que dejé hecha ayer. Depués voy al baño, me lavo la cara y me miro en el espejo. Cojo la cuchilla con la mano izquierda, para afeitarme, pero me detengo y me miro las manos, extraño. Veo a mi doble al otro lado del espejo y decido, de momento, fingir que soy su reflejo.
04 mayo 2010
Recomendación
Publicado por
Jesus Esnaola
A todos los que tenéis el valor de pasaros por aquí os recomiendo que pinchéis en el título de la entrada y leais el post del día 3 de mayo del blog "La Nave de los Locos", donde, cortesía de Fernando Valls, encontraréis dos magníficos microrrelatos de Hugo García Saritzu, un estupendo escritor cuyo blog, "Vell Talp" , no os deberíais perder.
02 mayo 2010
Ironía
Publicado por
Jesus Esnaola
El fantasma del inventor del gps vaga por la Tierra, sin descanso, incapaz de encontrar el camino hacia la Luz.
19 abril 2010
Electricidad estática
Publicado por
Jesus Esnaola
Entro en el metro con los cascos puestos, con el chisporroteo de la radio en mis oídos, incapaz de sintonizar ninguna emisora. Cierro los ojos y merodeando alrededor de la estática capto voces, primero, y después las oigo con claridad. Psicofonías directas del averno, sin duda. O, tal vez, sólo sea mi vecina de asiento, contando sus desdichas y mezquindades a una amiga que, pese a todo, parece más viva que muerta.
05 abril 2010
Adultopsia
Publicado por
Jesus Esnaola
¿Pero qué os pasa? ¿Os parezco muerto? Sara, menos mal que has venido, cómo me alegro de verte. Diles que no estoy muerto, que esto ya me ha ocurrido otras veces, que despertaré en unos días. Vamos Sara, díselo. O díselo tú, Kike. Pero tú no eres Kike. Acércate un poco más que no te veo bien. ¿Quién coño eres tú? ¿Y qué haces con mi Sara, por qué la abrazas? ¿Cariño qué haces abrazada a ese poli? ¿Por qué no le dices que no me pasa nada? ¿Por qué estás de acuerdo en que me hagan la autopsia?
29 marzo 2010
Próxima estación, Penitents
Publicado por
Jesus Esnaola
¡Imbéciles!
Mira a la parejita que se le ha sentado enfrente, en el metro, y no puede evitarlo. Con las manos en el regazo los observa y adivina sufrimiento en las caricias torpes, anticipa dolor donde ahora sólo hay goce y placer.
La pareja comienza a sentirse incómoda, observada, y el chico está a punto de decir algo, pero ella lo frena, quiere una tarde tranquila.
El hombre se apoya en el asiento para levantarse. Sólo entonces separa las manos. Sólo entonces, los chicos, ven con asco que le falta el dedo anular de la mano derecha.
Mira a la parejita que se le ha sentado enfrente, en el metro, y no puede evitarlo. Con las manos en el regazo los observa y adivina sufrimiento en las caricias torpes, anticipa dolor donde ahora sólo hay goce y placer.
La pareja comienza a sentirse incómoda, observada, y el chico está a punto de decir algo, pero ella lo frena, quiere una tarde tranquila.
El hombre se apoya en el asiento para levantarse. Sólo entonces separa las manos. Sólo entonces, los chicos, ven con asco que le falta el dedo anular de la mano derecha.
03 marzo 2010
Descreados
Publicado por
Jesus Esnaola
Casi lo había olvidado. Debe de ser por la impresión que me causó la muerte del último hombre en la Tierra. Yo no tuve nada que ver. Los siguientes días se extinguieron los animales, los peces, las aves hasta que el planeta quedó desierto. El sol y la luna se vieron inmersos en un eterno eclipse que sumió todo en la más absoluta oscuridad. Mañana, jueves, acabaré con la vegetación, total para qué, para quién. Así que sólo me quedará hacer barro con la tierra y el agua y, el sábado, fundiré la noche con el día. El domingo te dejaré mi sitio, Jesús, hijo mío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)